El Segundo Triunvirato

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El Segundo Triunvirato

Creado: 24 de Diciembre del 2005
Modificado: 17/08/2006 - Modif. Masiva.

Categorķa: Politica, sucesos
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Introducción

Tras la muerte de César -44 ac- la República, por más laboriosos esfuerzos que cometieran los republicanos tradicionales para mantenerla viva, ésta, tristemente, ya estaba herida de muerte. Solo quedaba que dentro de este gran caos que reinaba alguien tomara el vacante y tambaleante poder. Pasados los Idus de Marzo los republicanos y en especial la adinerada gens de los Bruto, junto con otros senadores, muchos de ellos antiguos pompeyanos, poseían el control del Senado. Sin embargo la situación política era extremadamente inestable, incluso para los que se encontraban en control, ya que aún había dos grandes terratenientes de César: Marcus Antonius -Marco Antonio- y en menor medida Marcus Aemilius Lepidus -Lépido-, los cuales intentarían tomar lo dejado por el fallecido, y magnanimo, Dictador. Para evitar que esto ocurra el Senado tramaría una estratagema con la intención de lograr que los mismos remanentes cesarianos se aniquilasen entre ellos utilizando al joven hijo de adoptivo de César, Octavio, como detonante. Pero los planes del Senado se verían frustrados y éstos tres se unirían formando lo que sería el Segundo Triunvirato.

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Disturbios tras la muerte de César

Poco después de la muerte de César, incluso inmediatamente, comenzaron los disturbios. El Senado, en gran parte, y varios miembros de la aristocracia romana apoyaban a los asesinos del caído Dictador. Sin embargo el pueblo era otro asunto, los ciudadanos estaban furiosos a causa del asesinato de César -como según nos cuente Apiano, Guerras Civiles II-. Su cortejo fúnebre se convertiría en el más solemne de la historia Romana e inmediatamente tras este comenzaría la persecución de los asesinos. Varios de los conspiradores, incluso los sospechados, serían perseguidos y lapidados por las calles, debiendo sus familias permanecer encerradas en sus domicilios para así evitar los linchamientos. La cima del problema llega unos días después cuando el cadáver de César es llevado al Foro, para ser su testamento leído en público. Aquí, entre otras cosas, César hacía heredero e hijo adoptivo a Octavio, su sobrino nieto; y además dejaba como herencia una cantidad generosa de dinero a cada ciudadano y convertía sus jardines personales en parques públicos. El pueblo comenzó fuertemente a lamentar la muerte de su benefactor y el malestar general era evidencia de la pronta tormenta que viviría la capital. Aprovechando esta situación un hombre llamado Herófilo -según varios autores clásicos Amatius- diciendo ser "el nieto de Marius" comienza a agitar las multitudes sosteniendo que César fue un real benefactor del pueblo, y que éste fue asesinado por los ricos ya que la aristocracia estaba en contra de su lucha por los plebeyos; dentro de los castigos que proponía no solo los asesinos debían ser masacrados sino todo el Senado. Ese mismo día, bajo la furia y el odio hacia los homicidas, una multitud enorme se dirige a destruir las casas de los asesinos.
Debido a que Herófilo contaba con un considerable apoyo -además de la población, los libertos, esclavos y también varios de los veteranos de César- éste presentaba una gran amenaza, ya que si se lo dejaba actuar indudablemente podría causar un gran daño. El Senado, muy a disgusto, debería aceptar la tregua propuesta por dos de sus antiguos enemigos: Antonio y Lépido, que bajo sus cargos de Cónsul y Magister Equitum, respectivamente, poseían el control de las tropas acantonadas en Roma y de la caballería. Esta unión sería dificultosa para ambos bandos, los cesarianos, dejarían a sus hijos como prenda de buena voluntad, y deberían aceptar el restablecimiento de la Constitución Republicana además de reconocer al Senado como autoridad suprema; por otro lado el Senado debería renunciar a ensuciar el nombre de César y sus actos, así como mantenerse "en paz" con Antonio y Lépido. Cuenta Plutarco en su trabajo Vidas Paralelas, Tomo V:

Abrióse el testamento de César y se encontró que a cada uno de los ciudadanos romanos dejaba un legado de bastante entidad: con esto, y con haber visto el cadáver cuando lo pasaban por la plaza mutilado con tantas heridas, ya la muchedumbre no guardó orden ni concierto, sino que recogiendo por la plaza escaños, celosías y mesas, hizo una hoguera y poniendo sobre ella el cadáver lo quemó. Tomaron después tizones encendidos y fueron corriendo a dar fuego a las casas de los matadores. Otros recorrieron toda la ciudad en busca de éstos para echarles mano y hacerlos pedazos

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consul
La muerte de Marco Antonio, pintura que conmemora este suceso histórico de una manera vívida.

 

 

Desencadenantes

El movimiento rebelde debía ser detenido, o al menos así hacer parecerlo. Antonio ordena la ejecución de Herófilo, al cual se le niega un juicio previo, lo que hace que sus partidarios acudan violentamente al Foro protestando por el asesinato de su líder. Ante estos incidentes Antonio ordena a las tropas reprimir a los manifestantes, muchos mueren tras el ataque y muchos otros son tomados prisioneros y ejecutados posteriormente.
La unión entre los cesarianos y el Senado fue falsa desde un principio y su mero motivo de vida consistió en la búsqueda de tiempo por parte de los cesarianos; mientras que por el lado del Senado se dio por la necesidad de protección. Queda evidente al observar que mientras Antonio negociaba con el Senado por otro lado se dedicaba a fortalecer cada vez más su posición, algo que en gran medida pudo conguir gracias a que tomando parte de la fortuna de César comenzó a reclutar veteranos -con la excusa al Senado que necesitaba protección de los simpatizantes de Herófilo-; y fue declarado, a pesar de la oposición de la aristocracia, como procónsul de la Galia Cisalpina por la Asamblea de la Plebe; bajo el pretexto de trasladar sus tropas a esta provincia, llamaría a cuatro legiones que estaban anteriormente ubicadas en Macedonia, acercandolas estratégicamente a Roma.
Mientras Antonio se encontraba con una veloz, pero exitosa, misión de fortalecer sus dominios y posiciones para así tomar revancha de sus enemigos, algo que había sido su intención desde el primer día, notó un posible y peligroso rival. Para ese entonces Octavio, que volvía de Apolonia a Italia a reclamar su derecho como heredero de César, comenzó a conseguir dinero de familiares y enemigos de Antonio lo que le estaba permitiendo formar su propio ejército, y ser además fuertemente apoyado por Cicerón -quizá más por odio a Antonio que por confianza en Octavio-. Sin duda alguna lo más sonante de todo es que se aprovechó de una separación entre los veteranos de César para afianzar su posición y conseguir apoyo. Si bien éstos, en un principio, estaban con Antonio nos encontramos con que un conflicto de intereses los dividía fuertemente. Los que poseían tierras apoyaban una reconciliación temporal con el Senado, mientras que los que no poseían, deseaban tomar una acción directa contra los asesinos. Octavio se beneficiaría en gran medida de esto y remarcando su condición de heredero e hijo adoptivo del difunto César -tengamos en cuenta que el se hacía llamar César para ese entonces- los uniría a su lado. El Senado observando esto empezaría a tramar una estratagema para liberarse del poder militar con el que Antonio contaba y que los amenazaba constantemente, quizás con suerte, tal vez también del heredero de César en una misma movida.
Aprovechando este conflicto interno como mecha de sus planes y el hecho de que Antonio pretendiera expulsar  a filo de espada a Décimo Bruto de la Galia Cisalpina, Antonio es declarado enemigo público. Octavio pone sus tropas a favor del Senado, aprovechando la situación ya que como veremos no simpatizaba bajo ningún motivo con este, y junto a los Cónsules de ese año, Hircio y Pansa, vence a Antonio cerca de Mútina -actual Módena-, en una famosa batalla conocida por los historiadores contemporáneos como "La batalla de Módena". Tras la derrota, pero aún con una fuerte cantidad de apoyo y tropas a su disposición, Antonio se repliega en lo profundo de las Galias y replantea su estrategia. Hircio y Pansa mueren en combate producto de las heridas obtenidas tras las duras luchas.
Mientras los cesarianos luchaban el Senado continuó al pie de la letra su plan de fortalecerse al mismo tiempo que sus enemigos se debilitaban, o al menos éstos creían que lo hacía. Para contrarrestar a sus contrincantes el Senado pondría bajo el mando de Bruto y de Casio la reorganización del ejército de la República -para lo cual se comienza a cobrar un impuesto de guerra el cual hacía más de un siglo que no se colectaba-, Cicerón pronuncia sus famosas catorce Filípicas contra Antonio -duro discurso en contra de éste-, y para afianzar el control territorial los gobernadores de todas las provincias al Este del mar Jónico son puestos bajo las órdenes de Bruto y Casio -siendo el Ilírico, Macedonia y Grecia controlados por Bruto mientras que Cirenaica, Chipre y Asia por Casio- también Sexto Pompeyo -el último hijo de Pompeyo Magno con vida- se une a las intenciones de los senadores, dándoles el control sobre una porción de Hispania.
Octavio había sido totalmente ignorado en los desfiles triunfales luego de la batalla de Módena, de hecho hasta podríamos decir que era despreciado por el Senado. Sin embargo, éste no era mal visto por el ejército que desde hacia larga data lo venía apoyandolo, y el cual se encontraba halagado producto de las fuertes donaciones que Octavio había realizado. Si bien hay mucha discusión actualmente sobre si la iniciativa fue tomada por el ejército o secretamente impulsada por Octavio, en la actualidad la versión más aceptada es que los soldados decidieron tomar cartas en el asunto y declarar Cónsul a Octavio quien además contaba con el apoyo del pueblo. Para conseguir esto marchan a Roma y mostrando sus espadas exigen que Octavio sea declarado Cónsul, luego de un cuasi enfrentamiento, en el Campo de Marte, el Senado se vio obligado acceder y así, con 19 años, Octavio toma el consulado. Suetonio nos relata el hecho:

Antes de la edad se vio elevado a las magistraturas y honores, de los que muchos fueron de creación nueva y a perpetuidad. A los veinte años invadió el consulado, haciendo marchar hacia Roma amenazadoramente a sus legiones, y mandando diputados a exigir para él esta dignidad a nombre del ejército. Como vacilara el Senado, el centurión Cornelio, que iba al frente de la diputación, abrió su manto, y mostrando el puño de la espada, se atrevió a exclamar: Éste lo hará, si vosotros no lo hacéis.

Octavio ahora podía tomar un doble beneficio de sus acciones, por un lado incrementar su poder y vengar la muerte de su tío, mientras que por otro podía complacer los deseos de venganza de los veteranos de César. Por esta razón comienza una serie de persecuciones y ejecuciones a republicanos anulando la amnistía a los asesinos de César -la cual había sido establecida por Antonio pocos días después de la muerte de César en su falsa unión a los senadores republicanos-. Octavio también distribuiría el dinero del Tesoro entre su ejército, hecho que haría a sus tropas más fieles aún.

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consul
Moneda conmemorativa del segundo Triunvirato que representa a Antonio en uno de sus lados.

 

La formación del Segundo Triunvirato

A pesar de la derrota en la batalla de Módena Antonio seguía contando con un fuerte apoyo entre las tropas y aún tenía bajo su poder el mando de un ejército considerable -de hecho las tropas de Octavio deseaban un acercamiento a éste por parte de Octaviano ya que veían la necesidad de una alianza-. Antonio, quien tenía primeramente la intención de contraatacar a Octavio, comienza a realizar una reagrupación considerable de fuerzas en la Galia, logrando reunir 17 legiones. Sin embargo, la esperada batalla no tendría lugar por varias razones. Octavio, al igual que Lépido, sabía que si se diezmaban entre ellos solo significaría el fin de los cesarianos y tanto Bruto como Casio, los asesinos de César, podrían estar tranquilos al no tener que enfrentarse a una fuerza contraria de peso. Por esta razón Lépido oficiaria de mediador entre Octavio y Antonio, resultandole sencillo plantear la necesidad de dicha alianza. Es entonces que en Bolonia (Noviembre del 43 ac) logran llegar a un acuerdo, tras tres días de intensas charlas; acuerdo que cambiaría la balanza de poder en la península y el mundo entero. Veamos lo que dice Livio en su Periocha, libro 119:

Por otra parte, Caio [Octavio] César, bajo el consejo de Marco Lepido, se reconcilia con Marco Antonio, marchando a Roma con su ejército, y, sorprendiendo a todos los que estaban en su contra, es declarado Cónsul a la edad de diecinueve años.

Lo que proponen en esta reunión es muy claro: una alianza estratégica que les permita oponerse al Senado. Basándose en otra alianza muy conocida y recordada, el Triunvirato entre César, Pompeyo y Craso, acceden a un poder especial por 5 años con el fin, al menos público, de pacificar la República. Es así que tras definir las líneas finales del acuerdo se forma el Segundo Triunvirato -Tresviri Republicae Constituendae- el cual es prontamente leído a los soldados quienes esperaban ansiosos la resolución. Sin esperar mucho tiempo y sin darle oportunidad a sus enemigos de actuar ocupan Roma a los pocos días dándole al Triunvirato, y a diferencia del primero, valor legal. Con este fin presionan a la Asamblea de la Plebe para que impulse Lex Titia, ley que les otorgaba la mencionada legalidad. La importancia de contar con dicho marco legal era más bien tener un escudo político contra las posibles acusaciones de dictadura que pronto llegarían, acusaciones que podrían sin duda alguna causarles problemas.

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Características políticas

Triumviri Rei Publicae Constituendae Consulari Potestate -en Español: Triunvirato para la Constitución de la República con Poder Consular; abreviado en Latín como: III VIR RPC- era la denominación oficial de esta oficina "extraconstitucional". El poder con el que contaban los Triunviros, es decir su Imperium Maius, era definidamente superior al que poseían todos los demás hombres de estado juntos, dándoles una increíble libertad de acción y decisión en la alta esfera de la política Romana.- Su poder era prácticamente ilimitado, siendo un límite de cinco años el único freno o "control" a su mando, aunque de todas maneras, y como lo hicieron, este podía ser renovado. Si bien los integrantes del Triunvirato poseían un poder supraconsular, éstos también serían designados como Cónsules, lo que era un tanto irónico.

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Las proscripciones

Inmediatamente éstos tres hombres, y en especial sus actores más importantes: Antonio y Octavio, utilizarían una herramienta por excelencia en la historia de Roma para deshacerse de sus enemigos: las proscripciones. Con esto se llevaría a cabo, literalmente, una cacería humana de 300 senadores republicanos y más de dos mil personajes de la aristocracia, aliados a dicha facción, que serían atrapados y, en el caso de no haber logrado huir, asesinados. Si bien Lépido pareció oponerse en un principio sus quejas fueron ignoradas. Antonio y Octavio estaban muy ocupados vengándose, o al menos haciendo parecer que era una venganza. Debemos decir que además de vengar la muerte de César también existía un motivo económico muy profundo en esta persecución. Las proscripciones les permitían apropiarse de los bienes de los proscriptos, amasando así una fortuna envidiable que les otorgaba la posibilidad de incrementar su poder militar.
Para comprender los excesos cometidos durante las proscripciones debemos observar sus detalles mas llamativos, hitos que nos dejan ver el alacance real de la situación, como es el hecho de que incluso, los Triunviros, proscribieron a familiares con los que estaban enemistados con el único fin de apropiarse de sus bienes y propiedades. Tito Livio en el libro 120 de la Periocha da un vivo relato:

Como Cónsul, Caius Octavio César promulgó una ley que proscribía a aquellos que estuvieron involucrados en el asesinato de su padre César; bajo los términos de esta ley, Marco Bruto, Caio Casio, y Décimo Bruto fueron condenados en su ausencia.

Asinius Pollio y Munatius Plancus se unieron a Marco Antonio con sus ejércitos fortaleciéndolo; y Décimo Bruto, a quien el Senado le había ordenado a Antonio perseguir, fue abandonado por sus legiones, huyendo, y eliminado posteriormente por Antonio.

Caio Octavio César hizo las paces con Antonio y Lepido. Por cinco años, se convirtieron en triunviros para revivir la República, y oponentes de Lepido, Antonio y César fueron proscriptos. Muchos caballeros romanos, y los nombres de 130 senadores, fueron inscritos, algunos como Lucius Aemilius Paulus -el hermano de Lepido-, Lucius Caesar -un tío de Antonio-, y Marcus Tullius Cícero- El fue asesinado por Popillius, un legionario, a sus 63 años de edad. Su cabeza y mano derecha fueron expuestas en la plataforma de discursos

La sangre corría no solo en Roma sino que por toda Italia se extendían los excesos. Como estos eran diagramados por los Triunviros y ejecutados por los soldados y caza recompensas, los nuevos gobernantes debían mantener contentos a dichos ejecutores. Para garantizar el apoyo de las tropas se saquearían y usurparían un total de dieciocho ciudades, siendo Venusia, Ariminium y Beneventum las principales damnificadas. La infraestructura de éstas colonias, junto con las pertenencias y esclavos de sus antiguos dueños, serían entregadas al ejército leal al Triunvirato como recompensa.
Es remarcable que el exito en la cacería de los proscriptos fue debido al programa de recompensas instaurado. Por ejemplo, al soldado que matara un proscripto y llevara su cabeza a Roma se le entregaría la exorbitante suma de 25.000 dracmas; mientras que los esclavos que asesinaran a sus amos proscriptos obtendrían una manutención. No obstante, muchos de estos hombres prefirieron el suicidio a la antigua usansa.
Uno de los proscriptos más famosos resultó ser Marco Tulio Cicerón quien se convirtió en el trofeo de Antonio. Tras un primer intento de escape se embarcó en Anzio, pero una errada acción lo hizo desembarcar en Formia donde encontró la muerte en las espadas de las patrullas de Antonio.
Un recuento de las atrocidades cometidas en este período podemos encontrarlo muy detallado en los textos de Apiano: Las Guerras Civiles de los Romanos, Libro IV. En este libro se hace un recuento cuantioso de varios crímenes e inclusos situaciones ocurridas, también podemos ver como la situación fue aprovechada por oportunistas para saldar cuentas personales:

Algunos fueron asesinados por error, o por malicia personal, contrario a las intenciones de los triunviros. Era evidente cuando un cadáver no era un proscripto ya que su cabeza estaba todavía unida a su cuerpo, ya que las cabezas de los proscriptos debían ser mostradas en el foro, donde era necesario llevarla si se quería cobrar las recompensas..

 

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La cacería de Bruto y Casio

Mientras que la gran mayoría de los republicanos pagaban con sangre por la muerte de César en Roma, los principales responsables, Bruto y Casio, como es la norma, se encontraban muy lejos de las garras de los Triunviros. Estos habían oportunamente huido hacia el Este. Desde allí logran reagrupar un ejército considerable -18 legiones- para garantizar su protección y, además, realizar una futura expedición hacia Italia con la intención de recapturar Roma. No obstante, semejante acumulación de tropas no llegaba fácilmente. Ciudades enteras fueron depredadas y saqueadas. Palestina, Cilicia, Tracia y en especialmente Xanto, cuyos ciudadanos cometieron suicidio en masa, vieron como los remanentes republicanos tomaban todo lo que tuviera algún tipo de valor y masacraban sin piedad a quien se opusiera. Como es obvio asumir estos actos causaron un gran rechazo y odio hacia éstos ejércitos, algo que sin duda alguna les jugaría en su contra.
Viendo el rearme del enemigo, los Triunviros, debieron apresurarse y así evitar permitirle a los republicanos en el exilio que siguieran juntando tropas y recursos, algo que al fin y al cabo significaría una amenaza sonante. ía chocan sus fuerzas contra las de éstos en Anfípolis -como ésta ubicación se encontraba cerca de Filipos es que hoy se conoce como "La batalla de Filipos"- (12 de Septiembre del 42 ac).
Sabemos gracias a Plutarco y Apiano como se dieron los hechos. En un principio los republicanos llevaban una ventaja tanto táctica como estratégica además de contar con mejor equipamiento y sumionistros para sus soldados. Ciertamente daba la impresión que éstos serían los victoriosos; pero un fracaso personal de Casio en el campo de batalla debido a un sagaz ataque de Antonio, ataque que literalmente logra desfondar a su ejército, lo lleva a creer erroneamente que todo estaba perdido y se suicida dejando a Bruto en la deriva. Este último, y a e pesar de haber obtenido un triunfo inicial contra Octavio, se ve superado y el ejército republicano es derrotado rápidamente. Bruto como consuelo se atravesaría con la espada de un amigo terminando así su vida y consagrando a los Triunviros como líderes indiscutidos de Roma y el mundo (42 ac). Nos cuenta Octavio, en su auto-biografía:

Expulsé a los hombres que asesinaron a mi padre al exilio con una orden legal, castigando el crimen, y luego de esto, cuando llevaron guerra al estado, los conquisté en dos batallas.

Sin embargo, Suetonio comenta la crueldad con la que Octavio trataría a los vencidos:

Lograda la alianza con Antonio y Lépido, terminó también en dos batallas la guerra Filipense, a pesar de estar débil y enfermo. En la primera le tomaron su campamento, consiguiendo escapar con gran esfuerzo, ganando el ala que mandaba Antonio. No mostró moderación en la victoria, enviando a Roma la cabeza de Bruto, para que la arrojaran a los pies de la estatua de César, aumentado así con sangrientos ultrajes los castigos que impuso a los prisioneros más ilustres. Se refiere que a uno de éstos, que le suplicaba le concediese sepultura, le contestó que aquel favor pertenecía a los buitres; a otros, padre e hijo, que le pedían la vida, les mandó la jugasen a la suerte o combatiesen entre si, prometiendo otorgar gracia al vencedor; el padre se arrojó entonces contra la espada del hijo, y éste, al verle muerto, se quitó la vida, mientras Octavio los veía morir complacido.

Sin oponentes fuertes de los que preocuparse, más que por ellos mismos y sus posibles traiciones internas, Octavio se dirige a Roma y toma el poder de la parte Occidental, mientras que Marco Antonio se dirige hacia Egipto donde toma posesión de la parte Oriental de la Republica. Rapidamente entabla una relación amorosa con Cleopatra, quien le daría tres hijos: Alexandros helios, Cleopatra Selene y Ptolomeo Filadelfio. En Oriente Antonio intentaría concretar contra los Partos la guerra que César llevaba planeando justo antes de ser asesinado. Lépido dominaría sobre Africa.

 

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Denario de plata del período del Segundo Triunvirato. A la izquierda Marco Antonio y a la derecha Octavio, con una diminuta barba.

 

Los Triunviros dueños indiscutidos del mundo Romano

Si bien en un principio fue visto como una amenaza por Antonio la realidad era que de los Triunviros en sus inicios Octavio era el más débil de todos. No obstante, gracias a su habilidad política y rapidez mental esto no sería así por mucho tiempo. Ya en Roma Octaviano continúa avanzando y fortaleciendo su posición, para esto sigue valiéndose de las proscripciones, aunque a un ritmo mucho menor comparado con las anteriores.
Mientras Antonio se encontraba con su nuevo amor, Cleopatra, quien lo manejaba fácilmente e intentaba utilizarlo para cumplir sus ambiciones personales, la esposa de Antonio, Fulvia convencería a su cuñado, el mismísimo hermano de Antonio, de iniciar un levantamiento en Italia. Este levantamiento no sería difícil de conseguir, miles de desposeídos a causa de las proscripciones y expulsiones se encontraban en un estado de rebelión y cualquier excusa hubiera sido suficiente para hacerlos estallar en armas. Como si todo esto ya no fuera poco, además, los que no habían sido expulsados debían soportar el desgaste económico y la inflación producto de años marcados con conflictos internos y guerras civiles. Es entonces que en la ciudad etrusca de Perusia (Perugia) -41 ac- se inicia la primer gran revuelta desde la Batalla de Filipos. Octavio, sin más remedio, debe responder militarmente ante la insurrección. Gracias a la calidad militar de Agripa, el hombre de mayor confianza y mejor amigo de Octavio, es que se logra triunfar sobre los insurrectos. Sin embargo, esto daña fuertemente las relaciones entre Octaviano y Antonio, llevando a que ambos entren en un enfrentamiento bélico que amenazaba con iniciar una nueva guerra civil. Es imposible saber que ocurrió realmente, aunque sí contamos con dos versiones muy fuertes del por qué sucedió este episodio. La primera es que Fulvia, la esposa oficial de Antonio, viendo a su marido claramente enamorado de otra mujer, sedujo al hermano de éste como último recurso para asegurarse una tajada del poder Romano. Cleopatra, al ver lo ocurrido, utilizaría la respuesta militar de Octavio en favor de ella para así lograr que Antonio sacara del tablero a Octavio con una acción militar contundente. La segunda posible versión de lo ocurrido es que Octavio creyera que este levantamiento fuera en realidad un ardid planeado por Antonio con el fin de dañar su imagen y sacarlo del poder. De las dos versiones, sin embargo, es la primera la más aceptada.
Sea la versión que sea algo es seguro: este levantamiento dañó fuertemente la relación entre Antonio y Octavio al punto de que Antonio, movido por los consejos de Cleopatra, desembarcara un ejército en Brindisi sitiando las tropas de Octaviano. El destino quiso, nuevamente, que los ejércitos de ambos no quisieran enfrentarse, obligando a los generales a negociar -jugando un papel importante también el que el Rey Pacoro, de Oriente, le estuviera dando serios dolores de cabezas a Antonio-. De este acuerdo nace el pacto de Brindisi (40 aC) donde se divide el mundo en esferas de poder: Octavio dominaría sobre Occidente; Marco Antonio sobre Oriente y Lépido sobre Africa. Para sellar esta nueva reconciliación se arregla un matrimonio por interés entre Octavia, la hermana de Octavio, y Marco Antonio. La unión duraría un total de cuatro años y Octavia le daría dos hijas, ambas llamadas Antonia. Dicho matrimonio consistiría en el constante choque de mundos entre ambos. Octavia, culta y refinada preferiría pasar su tiempo escuchando a filósofos en Grecia; Marco Antonio, un hombre al que solo le importaba la guerra y los placeres carnales, preferiría volver a su vida antigua junto a Cleopatra. Por esta razón enviaría a Octavia a Roma y el volvería junto a Cleopatra. Iniciando una guerra contra Persia, conflicto que diezmaría gran parte de su ejército. Es en este punto de la historia donde comienzan a definirse los eventos que llevarían a Roma hacia una nueva guerra civil. Antonio contrae matrimonio con Cleopatra y declara a los dos hijos de ésta como herederos, en especial a Cesarión quien es nombrado Príncipe heredero de Egipto y Chipre.

 

La renovación del Triunvirato

Quizás sin quererlo ambas partes se verían obligadas a realizar una negociación temporal a causa de un peligroso hecho que llega cuando el bloqueo de grano, llevado a cabo por los piratas de Sexto Pompeyo, se eleva a un punto tal que la erradicación de éste rebelde era absolutamente necesaria. Desafortunadamente, para Octavio, su primer intento resulta en un rotundo fracaso, debiendo recurrir a Antonio por ayuda. Esta ayuda se da a cambio de una prórroga de cinco años al Triunvirato, firmada en Tarento (38 aC). Gracias a esto Octavio logra contar con 120 navíos suministrados por Antonio los cuales, puestos al mando de Agripa, sirvieron para invadir las bases de Sexto Pompeyo en Sicilia. El 3 de Noviembre del 36 aC en Nauloco se lograba eliminar la escuadra del hijo de Pompeyo Magno. Lépido, de quien hacía rato se sospechaba una amistad con S. Pompeyo, intentaría oponerse al heredero de César, quien lo despojaría del poder triunviral y debe exiliarse a Circei, en el Lacio -36 aC-. Al tiempo que Antonio abandona definitivamente a Octavia pidiendo el divorcio.
Con los piratas erradicados el grano comenzaba a fluir nuevamente en los graneros de Roma. Una suerte de renacer económico descongeló capitales y una a serie de políticas eficaces ganaron el apoyo popular a Octavio. Estas políticas consistieron en la asignación de tierras, esta vez fuera de Italia, a veteranos de guerra y un astuto plan de construcciones públicas, coordinado por Agripa, que llevó a la construcción de acueductos y estructuras públicas. Era notable a este punto la evolución y maduración de Octavio, quien se viera embestido con un gran poder desde muy joven. Sus acciones ya no eran pasionales y pasaban a ser racionales, ciertamente Octavio comenzaba a convertirse en el Augusto que la historia ha inmortalizado.

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La Guerra Civil y el fin de la alianza

Para este punto particular de la historia los dominios romanos estaban divididos entre Oriente y Occidente. Mientras Octavio se encargaba de apoyar la agricultura y la integración de las provincias a Roma en Occidente, Marco Antonio se ocupaba de campañas militares y de la reorganización de Egipto. A la vez, Octavio afirmaba fuertemente su poder político utilizando el nombre Caesar Divi Julii Filius.
Octavio comienza entonces a llevar a cabo una política agresiva de desprestigio y quita poder a su contrincante político. Seguido por una escolta armada echaría del Senado a 400 partidarios de Antonio -incluso los dos Cónsules, instalando dos que lo favorecieran a él-; sería llamado Dux por el Senado y haciendo algo considerado impensable obliga a las Vestales a entregar el testamento de Antonio -del cual hoy en día se tienen dudas sobre su veracidad-, tras lo cual lo lee ante la Asamblea de la Plebe que escucha indignada la favorecida posición en la que se encontraba Cleopatra -Antonio entre otros acuerdos le deja parte de provincias Romanas en Oriente y una cuantiosa fortuna a ésta y sus hijos-. Enfurecidos por la traición Antonio es destituido de su poder de Triunviro y se le declara la guerra a Cleopatra -guerra Ptolomeica, como es conocida actualmente- por apropió de posesiones romanas.
El 2 de Septiembre del 31 ac frente al golfo de Ambracia y el promontorio de Actium -Grecia-, las naves de Octavio al mando de sus jefes militares Agripa y Tauro lograrían infligir fuertes bajas en la flota antoniana luego de una osada pero remunerante maniobra. La batalla fue de tal magnitud que miles murieron, Antonio y Cleopatra abandonan a sus hombres a la suerte y se suicidan al poco tiempo. Las tropas y legiones antonianas comienzan a capitular ante Octavio, el cual quedaba como único dueño del mundo. Con esto nacería El Imperio.

 

consul
Pintura de Alexandre Cabanel inmortalizando los momentos ocurridos anteriormente al suicidio de Cleopatra. Esta se encontraba cercana a su mausoleo probando distintos venenos en convictos.

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Textos Clásicos

Nota: Los textos clásicos los iré encadenando a medida que los vaya haciendo disponibles en-línea.

 . Res Divi Gestae
 . Augusto Por Suetonio - Los doce Cesares
 . Apiano Las Gerras Civiles - Libro IV
 . Obra de Cicerón

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